lunes, 18 de mayo de 2015

EL TRABAJO MAL HECHO.

Ya desde hace tiempo que el desánimo está conmigo a la hora de desempeñar mi trabajo. Y no porque no me guste, no porque esté cansado de hacer mi rutina (normalmente poca), no por el paso del tiempo. Estoy cansado porque no me dejan hacerlo.

Ya desde hace algunos años hay una desconsideración enorme hacia la profesionalidad. Ya nada importa, ni los clientes, ni el trabajo bien hecho. Solo la inmediatez, el pasar página sin concluir la labor, y sobre todo que no pasa nada mientras a tu responsable no le afecte a su bolsillo ni a su buen vivir.

Siento envidia cuando viajo al extranjero a trabajar y veo que todavía se trabaja en equipo, se cuenta con medios para hacerlo, se valora el trabajo bien hecho, y sobretodo se consideran a las personas.

Ya no hablo de salarios, de condiciones laborales, ni de ascensos, hablo de que no te dejan trabajar honradamente, sin tratar de engañar a los clientes, sin que te quede la seguridad del trabajo bien hecho porque no tienes los medios adecuados, porque se trabaja en lugares precarios y penosos cuando hay capacidad para hacerlo en otras condiciones.

Uno siente que al final se tiene que resignar y que no hay remedio. Y de ahí el desánimo, la apatía. Parece que les gusta verte así, derrotado y humillado.

A esta situación hay que darle la vuelta. No se puede seguir tolerando que nos menosprecien de esta manera. Hemos demostrado lo que somos durante mucho tiempo, y no podemos permitir que responsables con rimbombantes títulos nos traten como una mercancía más.

Luego nos asustamos cuando ocurren hechos desgraciados. Pues mejor preocuparse ahora que escurrir el bulto después.

No hay comentarios:

Publicar un comentario