¿Pero como tienen la cara dura de decirnos que la situación económica está mejorando? ¿Dónde toman café por las mañanas? ¿En que barrio viven, a que colegio llevan a sus hijos? ¿En que tiendas compran? ¿Con quién se encuentran en sus portales, en sus ascensores, en sus escaleras? ¿A que centros de salud acuden cuando se encuentran enfermos? ¿De que hablan cuando se encuentran con sus compañeros de trabajo, o con los de otras empresas? ¿Quizás del hamdicap del campo de golf de su club?, ¿O lo mejor de lo último en gin tonics en el sitio de moda.
Hay que montarlos en el autobús, en el metro, hay que pasearlos por los barrios de las afueras, hay que llevarlos a las fábricas, a las tiendas que están echando el cierre. Tienen que abrir bien los oídos en la cola de la oficina del paro, contemplar a la gente recoger lo poco que quedan en los cubos de la basura. Deberían acompañar a un jubilado en el banco de un parque, y escuchar lo que cuestan las medicinas y que su hija lleva ya dos años en el paro y están a punto de embargarle el piso y la vida.
Pero lo peor de todo es tratarnos como ignorantes, como necios.