miércoles, 5 de marzo de 2014

CLÁUSULAS

Madre de familia joven, su marido trabajando sin cobrar desde hace bastantes meses. Ella lleva ya muchos meses sin trabajar desde que la despidieron de la empresa gracias a un maquillaje financiero que hizo desaparecer un departamento entero de un plumazo. En su casa solo entra su parte del paro que le corresponde. La historia que tanto conocemos; hipoteca, colegios, comida,etc, etc.

Ahora la empresa le llama para incorporarse de nuevo y encima en el mismo sitio de donde fue despedida. Sería una buena noticia sino fuera por las circunstancias en la que se produce. Vuelve por una sustitución, o sea, con fecha de caducidad, y con unas condiciones leoninas. Y esas condiciones no vienen reflejadas en su nuevo contrato de trabajo. Están en un documento aparte, lleno de cláusulas que acercan el trabajo a momentos que todos creíamos olvidados. Esas cláusulas prácticamente dejan en papel mojado el contrato oficial, y por lo tanto en manos de la empresa el arrojarla a los leones en cualquier momento. Pero la necesidad aprieta, y llena de rabia firma los documentos. Uno que dice que las estadísticas tienen razón y el paro baja y la economía de este país vuelve a estar en la punta de lanza, y en el otro pone que los tiempos de la esclavitud y del patrono de novela de Dickens están al llegar.

La vuelta de tuerca de la reforma laboral no hace falta que se haga ley, la están haciendo de facto. Juegan con la necesidad, se ríen de la pobreza. A costa de historias ciertas como esta, grandes directivos y accionistas de esa misma empresa se habrán embolsado un nuevo pellizco.
Y son muchos los pellizcos los que se cotizan en bolsa todos los días.

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