lunes, 8 de abril de 2013

REALIDAD

Al principio me molestan, voy leyendo en el cercanías y me apartan de mi lectura. Luego piensas, otro más pidiendo y lamentándose, como si no tuviéramos bastante. Como interpretan algunos, parecen sacados de una obra de nuestros clásicos interpretando algún personaje de la picaresca. Se quedan en medio del vagón pidiendo disculpas por interrumpir los pensamientos y quehaceres de cada viajero. Hablan alto, y dejan congelado el ambiente, madres solteras con niños en edad escolar, trabajadores de la construcción sin tajo desde hace mas de dos años, hombres y mujeres sin esperanza, sin techo, pero con mucha vergüenza a al trabajo al que se enfrentan cada día en nuestros transportes públicos.

Ya no te piden dinero, te piden comida. Ahora el que mas y el que menos llevamos el almuerzo o el bocadillo al trabajo (pasó la época de comer de restaurante y desayunar en la cafetería). Y lo piden con vergüenza, pero con dignidad, con rabia, pero con entereza.

Esta es la realidad.

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